Museo Mohamed VI de Arte Contemporáneo de Rabat

Author: Darcordoba, 14 diciembre, 2014, Leave a comment

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 Museo Mohamed VI de Arte Contemporáneo de Rabat 

Fachada exterior de estilo de  arquitectura arábigo-andaluza

El Museo de Arte Moderno y Contemporáneo es el primero del gran magaproyecto cultural con el cual el Rey Mohamed VI busca convertir a la capital Rabat en Ciudad de las luces.

  Inaugurado tras casi diez años de obras y una inversión de 200 millones de dírhams (unos 18 millones de euros).
El museo, situado en la parte nueva de la capital construida en la época colonial francesa (1912-56).
El nuevo edificio, concebido por el arquitecto marroquí Karim Chakor, cuenta, entre otros espacios, con un auditorio, salas de exposiciones que llevan el nombre de artistas internacionales, un taller pedagógico, un laboratorio para la restauración de las obras de arte y una librería. Los responsables del proyecto atribuyeron el retraso de la inauguración del museo, cuya fachada exterior se rige por el estilo tradicional arquitectónico marroquí, a los cambios permanentes en los planes arquitectónicos.
La muestra inaugural tiene como título “cien años de creación “  y cuenta la trayectoria del arte contemporáneo en Marruecos desde 1914, conmas de 500 0bras que representan a 200 artistas marroquíes. Este museo formará parte de los 14 que gestiona la Fundacion Nacional de Museos  presidida por el artista Mehdi Qotbi, quien asegura que dispone de equipamientos culturales de alto nivel.
    El museo recoge 400 obras con lo más representativo del arte nacional entre 1914 y 2014, entre las que abunda la pintura, pero dando cabida a esculturas, fotografías, vídeos, montajes y hasta a instalaciones hechas a partir de basura.
Nunca antes se había emprendido una retrospectiva tan ambiciosa ya no de un artista, sino de todo un país a través de sus artistas: en total, 200 nombres del arte marroquí, unos consagrados y otros desconocidos, han tenido acogida en este museo, el primero y único creado en el Marruecos independiente con criterios modernos.
La exposición durará seis meses, que servirán de “rodaje” para un museo que quiere codearse con las grandes salas de Europa y América, pero que todavía carece de fondos propios o de un sistema de financiación que permita imaginar cómo creará su propia colección, según reconoció Mehdi Qotbi, director de la flamante Fundación Nacional de Museos, que gestionará el lugar.
Las obras expuestas en esta imponente muestra han sido prestadas durante estos seis meses por los más importantes coleccionistas de arte marroquí, como son la Fundación ONA, la Fundación Atijjariwafabank o los hermanos Belfekih, que ayer fueron condecorados por el monarca por su contribución al desarrollo del arte en el país.
La muestra relata la evolución marroquí del arte contemporáneo desde 1914, fecha en la que se puede datar la aparición de obras “firmadas”, expresión individual de una persona, hasta la actualidad y recoge prácticamente todas las grandes tendencias mundiales del arte contemporáneo.
Pintura figurativa, expresionismo, onirismo, simbolismo, arte naif, naturalismo o materialismo: el visitante puede observar que los artistas marroquíes han bebido de todas las tendencias contemporáneas, además de cultivar las genuinamente árabes, como puede ser la caligrafía en juego con el color y las formas.
Junto a salas más “clásicas” con obras de los artistas ordenadas por décadas cronológicas, la originalidad de la muestra actual radica sobre todo en el “parking” subterráneo, que ha sido “inutilizado” y convertido en un inmenso almacén donde se muestra lo más atrevido y rompedor de la escena contemporánea protagonizada por los autores más jóvenes.
El museo ha querido ser un homenaje a los “grandes” del arte marroquí como Chaibiya, Jilali Gharbaoui, Meriem Meziane, Ahmed Cherkaui, André Elbaz, Hasan Glaui, Mohamed Kacimi o Farid Belkahia, que dan todos ellos nombre a salas del lugar.
Uno de los detalles que más críticas ha suscitado ha sido la concepción arquitectónica del edificio: con una factura nada contemporánea y lleno de arcadas, columnas y una decoración lobulada en los muros, recuerda más bien a los grandes monumentos medievales marroquíes, con motivos que la artesanía marroquí repite hasta la saciedad.
Preguntado por lo “anacrónico” de un edificio tan clásico para acoger obras tan contemporáneas, el arquitecto salió hoy a defenderse con un argumento contundente: “Es un encargo dictado por el rey Mohamed VI y hecho a su voluntad, (para que fuera) un edificio identitario”.
El rey Mohamed VI pasa por ser uno de los grandes animadores del mercado artístico en Marruecos: un reciente artículo aparecido en una revista lo definía como el mayor comprador de obras contemporáneas y, por ende, es el que marca las tendencias del mercado, poniendo su índice real en los artistas que “valen”.
 
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Una de las salas del nuevo Museo Mohammed VI de Arte, inaugurado el pasado mes de octubre en Rabat
El único museo de nueva planta del Reino. Así se ha presentado el flamante Museo Mohammed VI de Arte moderno y contemporáneo de Rabat . Y es que Marruecos es algo más que su rica artesanía y su tradición popular. El país ha sido y es semillero fecundo de artes plásticas, fotografía y escultura, como se aprecia en la exposición inaugural de este centro que abrió sus puertas el pasado mes de octubre.
A destacar, en particular, los artistas de mediados de siglo XX, anteriores a la descolonización e influenciados por los movimientos europeos con sabor reivindicativo y hondo, algunos tan eminentes como Ahmed Cherkaoui y Jilali Gharbaoui, dos grandes de la plástica marroquí, a los que se suman otras figuras contemporáneas como Mohammed Kacimi, Farid Belkahia, así como aquellas talentosas y libérrimas representantes del arte ingenuo que fueron Chaibia Tallal y Fátima Hassan El Farouj. Todos ellos han trascendido el ámbito nacional.
Estos y otros artistas menos conocidos son los que hoy están representados, a veces de forma aún demasiado tímida, en el nuevo museo de arte moderno y contemporáneo, que, según explica su director, Abdel Idrissi, irá forjando y aumentando su colección permanente poco a poco. El centro acogerá distintas exposiciones temporales, entre ellas la espectacular muestra de arte islámico medieval marroquí que hoy se encuentra en el Louvre de París y que llegará a este país en primavera. Lo notable es que en este breve periodo de tiempo ha recibido más de 25.000 visitantes, lo que demuestra la sed de cultura de los rabatíes. La entrada, de momento, es gratuita.
Son además reseñables otros estilos, como el poco conocido orientalismo marroquí de principios de siglo XX, y movimientos como el Grupo de Casablanca, de los años 60 y 70, muy próximo del arte pop y el descaro cromático. En otro orden de cosas, es también notable la caterva de excelentes fotógrafos y fotógrafas contemporáneos como Lalla Esaydi, Hassan Hajjaj y Fouad Maazouz, entre otros.

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Una de las instalaciones del nuevo museo de arte contemporáneo de Rabat. / I. Eléxpuru
   Si bien el edificio –ubicado en el corazón administrativo y colonial de la capital– no deja lugar ni al asombro ni a la sorpresa en su ansia de no desentonar con el patrimonio arquitectónico del barrio, está sin embargo dotado de buenos espacios y salas, y de una adecuada iluminación, tanto natural como artificial para dar realce a las obras.

Jinetes de ‘La Foule’

El discurso expositivo es interesante y permite, si se sigue con fidelidad y se lee atentamente (solamente en árabe y en francés), comprender el devenir de este arte rompedor en una sociedad altamente conservadora. Así, comienza con algunas obras fotográficas espectaculares de hoy en día, para adentrarse después en el orientalismo del siglo XX con figuras como Hassan El Glaoui, Ben Ali R’bati y la artista Meriem Meziane. Algo que no deja de resultar exótico tratándose de un estilo de mirada externa por antonomasia.
De época posterior, en el espacio dedicado al arte figurativo encontramos una tela de Amine Demnati a rebosar de jinetes perteneciente a la serie La Foule (1960-1970), cuya réplica fue vendida en una subasta internacional, según Iman Imjan, por cuatro millones de dólares.
También están representados el expresionismo, con algunas telas notables de Ahmed Yacoubi, y la abstracción conceptual, con diversas obras de Mohamed Melehi. Singular es la obra de André Elbaz, artista judío marroquí impulsor de la reina de la pintura naif, la gran Chaibia, y promotor de un cierto deconstructivismo. Tanto es así que el propio Centre Pompidou de París le dedicó una retrospectiva en los años noventa. Rachid Sebti y Mekki Megara, por su parte, son algunos de los pintores de los años cincuenta de corte clásico y con una sólida formación académica.
El recorrido termina con un paseo contemporáneo por el sótano del edificio, que fue pensado para servir de garaje y finalmente se destinó a los jóvenes autores que mediante sus performances e instalaciones denuncian el peso de la tradición y la desigualdad social. Así lo hacen, por ejemplo, el fotógrafo Rim Battal, con esas mujeres infelizmente casadas, y Amir Noureddine, con sus esculturas de ropajes imposibles.

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